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MANIFIESTO SOBRE EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA

CARMEN BUCH ORTIZ, VIERNES, 8 DE MARZO DE 2013

La escritora y compañera de nuestra agrupación Carmen Buch Ortiz ha redactado el siguiente manifiesto sobre la mujer y la discapacidad, que ponemos a vuestra disposición como un instrumento muy válido de reflexión y debate en un día como el de hoy, dedicado en todo el mundo a las mujeres luchadoras y emprendedoras. LA MUJER Y LA DISCAPACIDAD Carmen Buch Ortiz

La discapacidad no entiende de sexos. Todo ser humano, sin distinción de ningún tipo, puede desarrollar una discapacidad sensorial, física o síquica; no obstante, durante milenios, las mujeres hemos, y seguimos, sufriendo discapacidades por el hecho de haber nacido mujer. Podemos llamar a este tipo de discapacidad “discapacidad por efecto de la cultura machista”, sin lugar a dudas, porque es ahí donde se origina, junto al machismo. Veamos algunos ejemplos de esto a lo largo de la Historia: Çatal Hüyük es una de las primeras ciudades, una urbe del Neolítico, y el primer lugar donde vemos cómo l< mujeres llegan a quedar discapacitadas por su trabajo, un trabajo sexista. Los arqueólogos tienen dos maneras de identificar a las mujeres: por sus pelvis, y por los deformados huesos de rodillas y pies, Toda una vida arrodilladas sobre los molinos de mano provocaban esas malformaciones, de tal manera, que apenas podían andar, y el constante dolor contribuía a que murieran a los veintinueve años, mucho antes que sus hombres. Más famoso es cómo, hasta los años treinta del siglo XX en China, se deformaban los pies de las mujeres para que adoptaran la forma del lirio, y al caminar se balancearan… produciéndoles una cojera que apenas permitía que andaran unos pocos pasos. Recordemos también a las mujeres jirafa de Sudeste asiático, cuyos maridos tienen derecho a castigarlas quitándoles sus collares metálicos, lo que en la práctica es una sentencia de muerte por asfixia. Pero la mayor discapacidad no la sufre nuestro cuerpo. Sino la mente: ahí está la raíz del mal que tanto daña a la mujer, y mucho más si es discapacitada. Todos tenemos ahí una piedra de Sísifo, la pesada y dura roca de la educación recibida. Tenemos la oportunidad de arrojarla al vacío y liberar así a nuestros descendientes de ella, pero ahí sigue, y nosotros con ella, empujándola con denuedo para que vuelva a caer sobre nosotras con todo su peso. Hemos cambiado, pero no es suficiente. Ya no somos la desgracia familiar, una niña a la que había que dotar todo lo posible si se la quería casar; ahora somos más autónomas, capaces de vivir de nuestro propio trabajo, pero aún somos el sector más amplio de mujeres maltratadas, abusadas por propios y extraños. ¿Quién no conoce algún caso? ¿Por qué callamos? Es la piedra, esa piedra tan profundamente enclavada en nuestras mentes, ayudada por las religiones, puesto que incluso el budismo considera que reencarnarse en mujer es un paso inferior a hacerlo en un hombre. Arrojemos la piedra y protejamos el futuro, porque nadie nos regalará nada. Luchemos. El futuro es oscuro, pero igual que aquéllas que ardieron por mano de un hombre, aquéllas por las que se celebra este día, seamos solidarias, zafémonos de los prejuicios, y demostremos que ser mujer no es una discapacidad.

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